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Preparación Nutricional Para La Competencia Deportiva

Articulos - Fisiología

Importancia y necesidad de una correcta preparación Nutricional antes de las competiciones deportivas Ronald Maughan, Escuela médica de la universidad de Aberdeen

El tipo y la cantidad de la comida ingeridas en los últimos días y horas antes de la competición pueden tener un efecto notable sobre la prestación del atleta. La principal necesidad consiste en garantizar que la competición sea iniciada con depósitos corporales llenos de carbohidratos y en una condición de completa hidratación. Para conseguir eso puede ser necesario utilizar especiales estrategias alimenticias, sea cuando hay poco tiempo para recobrar entre las competencias, sea cuando las pérdidas de líquido debidas al sudor son particularmente elevadas.

Introducción

No existen alimentos buenos o malos, pero hay dietas mejores o peores. La dieta del atleta - buena o inadecuada- puede tener un notable efecto sobre la prestación (Williams, Devlin 1992). En efecto aunque una justa elección del régimen alimenticio no puede llevar a un nivel de excelencia a un atleta que no tenga ni el talento ni la motivación para lograrlo, la elección de alimentos de escasa calidad puede impedir realizar las mismas potencialidades a cualquier atleta. El régimen puede llevar su mayor contribución a la prestación deportiva dando un soporte a un entrenamiento intenso, pero también es importante en los últimos días y en las últimas horas de preparación a la competición. De todos los aspectos que conciernen la alimentación en el deporte, la atención del atleta a menudo es focalizada principalmente sobre la comida que precede la competición que, a causa de su proximidad con la competición, ha asumido quizás un sentido mayor de lo que no merece realmente en el esquema global de la nutrición deportiva. En veradad is muy importante el hecho real que los alimentos consumidos en los días y en las horas que preceden la competición son de notable importancia por su impacto positivo o negativo sobre la prestación deportiva.

La preparación pora la competición

El objetivo de la preparación alimenticia pora la competición tiene que ser identificado y dirigido a los factores nutricionales que pueden limitar o perjudicar la prestación y sucesivamente desarrollar estrategias que puedan optimizarla. Es evidente que en los diversos deportes son implicados factores diferentes y algunas de las consideraciones más importantes que tienen que ser hechas son reportadas en el tabla 1

Los factores nutritivos que tienen la máxima influencia sobre la prestación serán la suficiencia de las reservas de carbohidratos del organismo y el estado de la hidratación antes del ejercicio. Por tanto el objetivo de una preparación alimenticia debería ser asegurar una adecuada reserva de glucógeno en los músculos y en el hígado y un apropiado nivel de hidratación.

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Disponibilidad de carbohidratos y prestación física

Durante el ejercicio físico ocurre un considerable vaciamiento de las limitadas reservas de carbohidratos presentes en el cuerpo bajo forma de glucógeno en los músculos que trabajan y en el hígado (Bergstrom, Hultman 1967; Hultman, Nilsson 1971; Gollnick et al. 1974). generalmente el hígado contiene acerca de 70 - 100 g de carbohidratos, mientras los músculos esqueléticos acerca de 300 - 400 g. Estos valores son notablemente influenciados por las dimensiones del cuerpo, como tambiénpor la dieta precedente y del nivel de actividad física. La medida del vaciamiento será determinada principalmente por la intensidad y de la duración del ejercicio y el nivel de entrenamiento del sujeto. En la carrera o en el ciclismo la intensidad constante cercana del 70 - 75% del máximo consumo de oxígeno (V02 max), normalmente nos abastecido de glucógeno muscular por acerca de 90 - 120 min de ejercicio (Bergstrom, Hultman 1967). La intensidad de ejercicio elevada, en todo caso, la máxima parte de glucógeno es convertida en lactato por la glicolisis anaeróbica, y tiene lugar un rápido vaciamiento de las reservas de glucógeno: Naval et al. han demostrado que, en un esprint máximo sobre la cinta , los músculos involucrados en el ejercicio pueden utilizar más allá del 16 % de su glucógeno presente antes de la prueba en un esprint individual de 6 segundos y el 25% en un esprint de 30 segundos. Durante el ejercicio prolongado se ha observado que normalmente el momento de la fatiga coincide con el casi completo vaciamiento del contenido de glucógeno en los músculos en actividad (Hermansen et al. 1967), pero en un ejercicio a elevada intensidad que puede ser sustentado por no más de 30 min, la fatiga también interviene cuando el contenido muscular de glucógeno queda relativamente elevado (Saltin, Karlsson 1971; Hermansen, 1981). Para los atletas de los deportes de resistencia ha sido aconsejado ampliamente una intervención sobre el régimen alimenticio para incrementar el contenido muscular de glucógeno en los días precedentes a la competencia.. Este consejo respondió a las observaciones que el supercompensacion de las reservas musculares de glucógeno, conseguida con ejercicio hasta el agotamiento seguido por algunos días de régimen rico en carbohidratos, fue eficaz el incrementar la capacidad de resistencia en el caso de un ejercicio en cicloergometro con una duración de acerca de 1,30 - 2 h (Bergstrom et al. 1967). El procedimiento sugerido fue de llegar al vaciamiento de lo glucógeno muscular a través de trabajo prolongado acerca de una semana antes de la competición y de impedir luego la resíntesis utilizando un régimen bajo en carbohidratos por dos - tres días, antes de pasar a un régimen con elevado contenido de carbohidratos en los últimos tres días durante los que es efectuado poco o ningún trabajo físico. Este procedimiento es capaz de duplicar el contenido muscular de glucógeno y es eficaz en mejorar la prestación del ciclismo y la carrera, se comprueba midiendo por cuanto tiempo puede ser sustentado un determinado ritmo de trabajo (tabla 2). Estos estudios han sido objeto de una revisión por parte de Coyle (1991). Hay que notar que estos primeros estudios han demostrado definitivamente como un régimen pobre en carbohidratos en los días anteriores el ejercicio pudiera resultar en una significativa reducción en la capacidad de prestación (Bergstrom et al. 1967).

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Los primeros estudios en este campo han sido ejecutados sobre estudiantes de educación física, en lugar de sobre atletas entrenados, y eso pudiera haber conducido a alguna equivocación. Actualmente existe un número notable de pruebas que, para los atletas de resistencia que se entrenan duramente todos los días, no es necesario incluir la fase del régimen con escasa aportación de carbohidratos para provocar el vaciamiento de lo glucógeno, ni es necesario borrar completamente las reservas de glucógeno muscular antes de la fase de acumulación de carbohidratos. Sólo será necesario reducir la carga de entrenamiento en los últimos cinco - seis días que preceden la competición y simultáneamente incrementar la ingestión de carbohidratos con el régimen. Se evitan así mucho problemas asociados a las formas más extremas de régimen: los atletas que las han seguido a menudo han acusado dificultad psicológicas adjuntas a la fase con bajas aportaciones de carbohidratos del régimen, como también un aumento de la incidencia de infecciones y patologías menores. Aunque estos resultados no sean sustentados por pruebas detalladas, no deben en todo caso ser ignorados. Cuando este régimen fue usado por los maratonistas inicialmente, era normal correr hasta el casi completo agotamiento de las reservas siete días antes del día de la competición. Actualmente está claro, que hacer tal duro ejercicio, y especialmente los que comprendan acciones con contracciones excéntricas de los músculos, deberían ser evitado en los días antes de la competición ya que puede causar daños ultraestructurales a las fibras musculares, y es conocido que eso es asociado a una temporal resistencia con la insulina (Kirwan et aL, 1922) y a una disminución de velocidad de resíntesis del glucógeno muscular (O'Reilly et al. 1987).

Aunque el aumento del contenido de glucógeno muscular antes de la competición sea ciertamente ventajoso, este incremento provoca un ritmo acelerado del empleo del glucógeno muscular durante el ejercicio (Richter y Galbo, 1986), frustrando así los eventuales beneficios conseguidos. Este efecto, al menos parcialmente, es debido a los elevados niveles insulínicos que acompañan la ingestión de un régimen rico en carbohidratos, que llevan a una supresión de la disponibilidad de los ácidos grasos y a un mayor recurso a los carbohidratos como a sustrato metabólico. Este aumento de la tasa de degradación de los carbohidratos después de una dieta rica de este nutriente es acompañado por una elevada concentración de lácteo hemático (Kelman et al. 1975).

A la posibilidad que una manipulación del régimen que sea capaz de alterar el almacenamiento de las reservas musculares de glucógeno, pueda influir en la prestación en el caso de ejercicios de intensidad baja u elevada ha sido dedicada una atención relativamente escasa. En todo caso, en 1975, Kelman et al. han referido que en el curso de repeticiones de 5 min de trabajo a régimenes del 30% al 95% del V02 max, la concentración de lactatohemático fue inferior a lo normal después de un régimen con bajas aportaciones de CRO (carbohidratos) y superior a lo normal después de un régimen con elevadas aportaciones de CRO. Los sujetos de este estudio refirieron de una gran sensación de cansancio después del régimen pobre en CRO, y de una disminución de la sensación de cansancio durante el ejercicio a alta intensidad siguiente al régimen rico en CRO. Sucesivamente ha sido demostrado que el tiempo de resistencia a un ejercicio a elevada intensidad (104% del V02 max) también fue influenciado por el régimen anterior (Maughan, Poole 1981). Cuando los sujetos ejecutaron una prueba con ejercicios a alta intensidad después de tres días de régimen pobre en CRO, precedida por un ejercicio prolongado y agotador (65 min al 75% del V02 max) dirigido a agotar lo glucógeno muscular, el tiempo medio de trabajo se redujo sensiblemente (tabla 2). Si después de esta prueba se sigue un régimen de tres días ricos en CRO y una ulterior prueba con ejercicio a alta intensidad el tiempo de ejercicio después del régimen rico en CRO aumentó con respecto de la prueba de control.

La aparente disociación entre acumulación de lactato y fatiga cuando el ejercicio es ejecutado después de un régimen pobre en CRO es complicada por las diferencias en la duración del ejercicio con respecto a las diversas dietas, pero indica que la relación entre la acumulación de lactato hemático y la sensación subjetiva de fatiga es influenciada fuertemente por el régimen anterior. En todo caso estudios siguientes han demostrado que la concentración de lactato hemático post-ejercicio también fue inferior a lo normal después de un régimen pobre en CRO y mayor de lo normal después de un régimen rico en CRO cuando la intensidad del ejercicio y la duración fueron las mismas en todo y tras las condiciones de dieta (Greenhaff et al. 1988).

También los atletas practicantes en juegos deportivos como el rugby, fútbol y hockey pueden sacar ventaja de la adopción de un régimen rico en carbohidratos en los días anteriores la competición aunque no parezca usual que estos jugadores hagan caso a este aspecto de su régimen. Saltin y Karlsson (1972) han demostrado que los jugadores que inician un partido de fútbol con una baja reserva de glucógeno muscular, debida a una inadecuada ingesta de carbohidratos en el régimen en el período inmediato después de un partido, corrieron menos, y sobre todo corrieron mucha menor velocidad elevada, con respecto de aquellos jugadores que consumieron régimenes ricos en carbohidratos y empezaron el partido con un contenido normal de glucógeno muscular. Para los jugadores es normal disputar a mitad de semana un partido y otro al final, y es probable que entre estos dos empeños de competición no se realiza la recuperación completa del contenido muscular de glucógeno, a menos que conscientemente no se haga un esfuerzo para conseguir una elevada asunción de carbohidratos.

Aunque hay pruebas anecdóticas que han sugerido que sea usual para los atletas que compiten en competiciones de resistencia extrema también ayunar por veinticuatro horas antes de la competición, hay también pruebas en contrario de que un ayuno de breve duración sea dañino a la prestación por ejercicios de baja (Maughan, Gleeson 1988) u elevada intensidad (Gleeson et al. 1988). esto confirma los resultados de los estudios sobre la reducida aportación de carbohidratos por cualquier tipo de atleta que inicia una competición con una inadecuada reserva de carbohidratos dificilmente podrá conseguir una prestación optima.

La alimentación pre-ejercicio

Los primeros estudios que han llamado la atención sobre la comida pre - competición han sido aquéllos hechos por Costill et al. en los años 70, y el interés primario fue focalizado sobre el efecto de la ingestión de los carbohidratos sobre la siguiente respuesta metabólica a un ejercicio a una intensidad fijada. Estos estudios mostraron como la ingestión de carbohidratos pre ejercicio (1 - 4 g. kg-1 de peso corpóreo) produjo una hipoglucemia reactivo durante el ejercicio (Costill et al. 1977; Koivisto et al. 1981, 1985): cuando eso ocurrió, la capacidad de resistencia se redujo (Foster et al. 1979). el mecanismo responsable de la reducción de la resistencia mostró estar en relación con el aumento de la concentración de insulina en la circulación sanguinea producto del aumento de la glucosa. La insulina inhibe la movilización de las grasas, y ha sido observada una caída en la concentración plasmática de ácidos grasos libres (Costill et al. 1977; Luyckx et al. 1978). hay pruebas convincentes que la toma y oxidación de las ácidos grasos plasmáticas de parte de los músculos ocurren en proporción a la concentración en sangre y en estos estudios se ha observado una disminución de la tasa de oxidación de las grasas: si la solicitud de energía es constante y la contribución de las grasas es reducida, como combustible, se recurrirá principalmente a los carbohidratos, especialmente al glucógeno muscular y ha sido observado un sensible aumento de la tasa de degradación del glucógeno (Costill et al. 1977). ya que se piensa generalmente que la disponibilidad de glucógeno como combustible por los músculos que trabajan limita un ejercicio de la duración de 1 - 4 h, eso podria explicar lo precoz presencia de la fatiga (Bergstrom et al. 1967; Rermansen et al. 1967).

El resultado de estos estudios pareció evidente y la reputación de los autoreses indiscutida: los resultados fueron aceptados, y el mensaje para los atletas fue que los carbohidratos deben ser consumidos en abundancia en los días anteriores la competición (Costill, Miller 1981), pero no en los últimas dos o tres horas.

Como sea, algunos años después de la publicación originaria que mostro los potenciales efectos negativos de la ingestión de carbohidratos, aparecieron un cierto número de estudios que pusieron en tela de juicio la hipótesis originaria. Mc Murray et al. (1983) encontraron que la ingestión de 90 g de glucosa 45 min antes del ejercicio no tuvo efectos sobre el tiempo de carrera sobre cinta ergométrica en una prueba hasta el a agotamiento a una velocidad correspondiente a las 80% del V02 max. Gleeson et al. (1986) observaron la tendencia al incremento de la resistencia en sujetos obligados a ayunar, cuando la glucosa (1 g. kg-1de peso corporal) fue ingerido 45 min antes de un ejercicio en cicloergometro . En estos estudios no fue observada alguna reacción hipoglucémica. Por otro lado, otros investigadores no encontraron ningún efecto significativo sobre la prestación o un incremento en la capacidad de prestación, mientras que otros siguieron encontrando que la prestación fue perjudicada por una ingestión de carbohidratos pre - ejercicio (cfr Coyle 1992, por una reseña sobre estos estudios).

Las búsquedas sobre los mecanismos implicados empezaron a concentrarse en los efectos de la alimentación pre - ejercicio sobre la tasa de empleo de glucógeno durante el ejercicio, y de nuevo fueron observados resultados discordes. Algunos estudios mostraron un aumento de la tasa de consumo de glucógeno muscular cuando fueron consumidos carbohidratos en la última hora (Costill et al. 1977; Rargraves et al. 1984), pero otros Autores no encontraron tales efectos (Koivisto et al. 1985; Fielding et al. 1987; Febrero, Stewart 1996). una vez más, muchos de estos estudios no encontraron alguna prueba de una reacción hipoglucémica. Al menos parte de la variabilidad es explicada por los resultados de Coyle et al. (1985) que alimentaron a sujetos, anteriormente obligados a ayunar por dieciséis horas, con una comida rica en carbohidratos u un pIacebo, cuatro horas antes de una prueba de ejercicio prolongado, encontrando una reducción de la glucosa hemática durante la primera hora de ejercicio y un aumento de la tasa de agotamiento del glucógeno y total oxidación de los carbohidratos después de la ingestión de CRO. En todo caso, ellos también encontraron una mayor concentración de glucógeno (40%) antes del ejercicio en condiciones de nutrición.

Por consiguiente la respuesta individual a una asunción pre - ejercicio será influenciada por muchos factores, y será determinada por la relación entre los beneficios de una mayor aportación de carbohidratos provistos por la comida pre - ejercicio y el efecto negativo de la aumentada respuesta a la insulina. Una mayor influencia sobre la respuesta individual a la comida pre - competición será producida por diferente tipo de carbohidratos y de la composición de la comida (correlacionada principalmente al índice glucémico), pero es evidente que existe una gran variabilidad inter - individual ya sea en la respuesta glucémica a la cantidad de carbohidratos ingerida que en la sensibilidad a la insulina.

El estado actual de los hechos sugiere en todo caso que para la mayor parte de los atletas no existe motivo para evitar comidas ricas en carbohidratos en la última hora o dos horas antes del ejercicio: si las reservas de glucógeno del hígado y de los músculos son bajas a causa de una anterior serie de ejercicios o una menguada disponibilidad de carbohidratos, probablemente se verán beneficiados de una ingestión de carbohidratos en esta fase. Algunos sujetos, en todo caso, pueden ser sensibles al efecto desfavorable, de la ingestión de azúcares sobre la regulación de la concentración de glucosa hemática. Pues cada atleta tiene que hacer pruebas durante los entrenamientos y las competiciones menos importantes para encontrar la más idónea estrategia alimenticia pre - competición.

La composición y la determinación de los tiempos de la comida pre - competición también pueden ser significativas para aquellos atletas que son predispuestos a molestias gastrointestinales durante el ejercicio. Rehrer (1990) ha enseñado que los problemas gastrointestinales indicados durante una competición de triatlón fueron asociados a un elevado contenido de grasas, proteínas y fibras en las comidas pre - competición. Para los sujetos que padecen de náusea o malestares durante el ejercicio físico, la comida pre - competición elegida tiene que ser aquélla que sea notoriamente capaz de minimizar estos efectos. Es probable que eso se consiga con una comida con poca grasa (que retardarían el vaciado gástrico sin generar beneficios) y pocas fibras no digestibles.

La importancia de la alimentación pre competición depende del estado de las reservas de glucógeno hepático y muscular del atleta. Un ayuno por la noche puede agotar sustancialmente las escoltas de glucógeno del hígado; comer por la mañana de la competición hará recobrar los niveles de glucógeno hepático. Tales reservas podrían no ser optimas si el programa de entrenamiento o competición del atleta no ha permitido suficiente tiempo (generalmente 24 - 48 horas) para agudizar el restablecimiento de los combustibles. En la mayor parte de los atletas una comida rica en carbohidratos, consumado 1 - 4 horas antes del ejercicio, mejorará la disponibilidad de carbohidratos y podrá mejorar la resistencia al esfuerzo (Sherman et al. 1989). las comidas pre - competición también deberían proveer líquidos para garantizar una completa hidratación, evitando cualquier alimento que sea conocido en problemas gastrointestinales al atleta. generalmente se realiza una alimentación pobre en grasa proteínas y fibras porque estos factores pueden aumentar el riesgo de problemas gastrointestinales en los sujetos a eso predispuesto. La determinación de los tiempos, el tipo y la cantidad de comida elegidas por las comidas pre - competición variarán según el individuo y la competición.

Balance de los líquidos y prestación en el ejercicio físico

Una ligera deshidratación podrá empeorar la capacidad de prestación e impedirle al atleta de conseguir un rendimiento optimo; es fácil demostrar que los resultados en las competiciones de resistencia en las más importantes torneos del atletismo generalmente son menores cuando la temperatura ambiental y la humedad son elevadas. Una notable deshidratación es potencialmente letal: el ejercicio físico en una situación de deshidratación lleva a un rápido aumento de la temperatura corpórea y al sobrevenir patologías de calor. Consecuentemente existe una necesidad real de garantizar antes una adecuada asimilación de líquidos, durante y después del ejercicio físico. Eso lleva enseguida a la pregunta sobre cual sera una asimilación adecuada y el tipo de líquido que tiene que ser consumido. Las respuestas no son simples, ya que la solicitud de líquidos dependerá de la intensidad y de la duración del ejercicio físico, de las condiciones climáticas ambientales y también de la fisiología y bioquímica individuales del atleta. Ya que la variabilidad de estos factores es muy amplia, las prescripciones por la asimilación de líquidos deberán ser hechas sobre base individual: indicaciones de carácter general serían tan vagas que resultarían decididamente inútiles.

A menudo viene referido que la prestación deportiva es perjudicada cuando un sujeto también se ha deshidratado sólo de un 2% del peso corpóreo, y que pérdidas de más allá del 5% pueden disminuir la capacidad de trabajo de acerca del 30% (Saltin, Costill 1988). En las competiciones de breve duración a menudo los atletas piensan que la deshidratación y la necesidad de rehidratarse no son problemas que los conciernan: la cantidad de sudor perdido durante una competición de pocos minutos es inevitablemente menor aunque la producción de calor es muy alta. En todo caso, si la competición tiene lugar en un clima caliente, hay un real peligro que el atleta sea deshidratado antes del principio de la competición, y en este caso, la prestación deportiva sera mala. Ha sido demostrado que la capacidad de desarrollar ejercicio físico a elevada intensidad tal de llevar a agotamiento cosa de pocos minutos también se reducirá en un 45% cuando en precedencia ha sido desarrollado un esfuerzo prolongado capaz de también inducir sólo una pérdida de líquido corresponsal a un 2,5% del peso corpóreo: reducciones menores, pero sustanciales del rendimiento se tuvieron después del suministro de diuréticos o después de una pérdida de sudor sucesivamente a un sauna (Nielsen et al. 1982). Armstrong et al. ¡(1985) han demostrado que, cuando el estado de hidratación normal fue confrontado con un estado de deshidratación, inducido de diuréticos, que comportó una reducción del 2% del peso corporal, en una prestación simulada sobre distancias de 1 500 - 10.000 mts. se tuvo un empeoramiento medio del rendimiento cercano del 3 - 7%; a nivel de prestaciones mundiales en los 1500 m un empeoramiento del rendimiento del 3% equivaldría a más de 6 segundos!

Por tanto una componente significativa de la estrategia nutricional pre - competición consiste en garantizar una adecuada asimilación de líquidos en las horas que preceden la competición, que se vuelve particularmente importante durante competiciones disputadas en entornos calientes, pero que también lo es en condiciones de torneos en las que se puede desarrollar más que una competición en el mismo día.

La rehidratación también es muy importante en las competiciones con categorías de peso dónde para conseguir el peso de competición se también puede incurrir en un cierto nivel de deshidratación. Aunque la mayor parte de los estudios que han demostrado efectos negativos de la deshidratación sobre la prestación hayan sido desarrollados sobre sujetos en actividad en entornos calientes o muy calientes, parece probable que sujetos que inician una actividad físca o perfectamente hidratados también sufrirán en condiciones de clima fresco o frío.

Es oportuno aconsejarles a los atletas de tomar la costumbre de controloar su peso corporal antes y después de la competición para determinar el grado de deshidratación que se ha ocasionado; un kg de reducción de peso equivale a la pérdida de un litro de sudor. Eso debería convertirse en una rutina y proveer señales oportunas sobre el estado de deshidratación a condición que las costumbres alimenticias no cambien drásticamente. Está en todo caso claro, como no sea simple consumir un suficiente volumen de líquidos para enfrentar la pérdida de sudor. La asimilación de líquidos tiene que ser mayor de las pérdidas debidas al sudor que se verifican durante el período de descanso, pero, cuando se tiene que restablecer el equilibrio hídrico también es esencial reemplazar los electrólitos perdidos con el sudor. Si durante el período de recuperación sólo se consume agua, la pérdida hídrica con las orinas será elevada, y mucho del liquido ingeridono sá retenido (Nose et al. 1988). la añadidura de sales de sodio y potasio en las bebidas disminuirá la cantidad de líquido que se perderá con la orina en las primeras horas después de su ingestión(Maughan et al. 1994). si es ingerido después un determinado volumen de líquidos la desidratación inducida por el ejercicio físico ejecutado en entorno caliente, el volumen de agua perdida con la orina en las horas siguientes será contrariamente proporcional al contenido de sodio de las bebidas (Maughan, Leiper 1995). Si hay la posibilidad de asimilar alimentos durante el período de recuperación, deberían resultar suficientes los electrólitos derivados de las comidas ingeridas. Si, en todo caso, el tiempo de recuperación es breve, el atleta podría no apetecer comidas sólidas. En tal caso las bebidas consumidas en este período deberían contener bastante sodio para garantizar una rehidratación adecuada. Eso sugiere una concentración de sodio similar a la del sudor perdido (generalmente unos 50 mmol. l-l, con una normal gama de unos 20 80 mmol. l-l), que es mayor a la generalidad de las bebidas en comercio, pero no muy diferente de aquel de las soluciones rehidratantes utilizados en caso de problemas de diarrea (sales de hidratación oral) (Maughan 1994).

Conclusión

El tipo y la cantidad de la comida ingeridas en los últimos días y en las horas que preceden la competición pueden tener un importante efecto sobre la prestación del atleta. La principal necesidad consiste en garantizar que la competición sea iniciada con reservas corpóreas íntegras de carbohidratos y en una condición de completa hidratación. Para conseguir eso puede ser necesario utilizar estrategias alimenticias especiales en el caso que hay poco tiempo para recuperarse entre las competiciones o cuando las pérdidas de. liquido con el sudor son particularmente elevadas.

El artículo es la traducción y la reelaboración a los objetivos de la publicación de la relación presentados por el autor el 4 de diciembre de 1996 con ocasión del "Máster en ciencia de la alimentación aplicada al deporte. Curso avanzado internacional en fisiología de la nutrición y dietologia aplicada al ejercicio físico y al deporte", organizado de la Escuela del deporte y del instituto de ciencia del deporte del Coni  (Comité Olímpico Nacional Italiano) desarrollado en Roma del 25 de noviembre al 13 diciembre de 1996.
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