Viernes, Diciembre 15, 2017
   
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El entrenamiento de la Fuerza en los niños Si o No?

Articulos - Entrenamiento

 

Entrenamiento de la Fuerza con niñosEl entrenamiento infantil ha representado y sigue representando un tema objeto de discusiones controvertidas. A ello se enlazan muchos problemas de naturaleza médica, fisiológica y sobre todo ética, que son afrontados a menudo emotivamente. En el centro de esta problemática, el entrenamiento de los fuerza constituye, indudablemente, aquel en el que, quizás más que por cada otro tipo de entrenamiento, se  abren interrogantes  que conciernen a los  efectos sobre el desarrollo y sobre la salud de los jóvenes atletas  a las que no pueden permitirse  ser  indiferentes por los docentes  que trabajan con ellos. Se pregunta, en efecto, si realmente los niños se vuelvan más fuertes con ese entrenamiento , cuanto mas fuertes pueden ponerse ; cuáles son  los mecanismos que llevan al desarrollo de la fuerza en los niños; por cuanto tiempo perduran  sean las mejorías de la fuerza inducidas por ese entrenamiento; porque los niños deben  entrenar la fuerza y como tiene que ser programado tal entrenamiento y, por fin, si el entrenamiento de la fuerza es o no  peligroso para su salud. A estas preguntas se trata de proveer una respuesta basada sobre los datos hasta ahora disponibles en este sector.


¿Se Ponen  los niños más fuertes si entrenan la fuerza?

La primera pregunta que nos hacemos cuando se enfrenta la discusión sobre el entrenamiento de la fuerza  de los niños y en particular de aquellos en edad prepuberal es: ¿con el entrenamiento realmente se alcanza un incremento de la fuerza? Uno de los argumentos hasta ahora aducido, con el que se querría demostrar que el entrenamiento de la fuerza no tiene efecto, es que en los niños en edad pre-pubescente en sangre  sólo se encuentran escasas concentraciones de andrógenos (testosterona). por esto  faltaría el presupuesto para el desarrollo de la masa muscular. A este respeto, en cambio, se puede avanzar la objeción que, por el desarrollo de la fuerza, no necesariamente es indispensable  para elevar  la  masa muscular, en cuanto también hay otros factores, como las  las adaptaciones neuromusculares o cambios cualitativos en la musculatura, que pueden llevar a aumentar la  fuerza . Examinamos, por lo tanto, que  dicen acerca de esto los estudios experimentales. Las primeras investigaciones  sobre este problema ya han sido ejecutadas en los años cincuenta. Según Noack (1956), después de una fase de entrenamiento isométrico, la fuerza de agarre  de los  chicos y chicas de 13 años  aumentó. Algunos años después Hettinger (1958) refirió que un entrenamiento isométrico (flexión y extensión del brazo) produjo una mejoría de la fuerza de las 1,6 al 4,1 por ciento en sujetos de ambos sexos de 12,6 años de edad. Estos estudios presentaron una serie de puntos débiles  (ningún control sobre el crecimiento y sobre la importancia del efecto de aprendizaje, edad relativamente elevada). por lo que  es difícil sacar de ello conclusiones con base en los resultados referidos. Los estudios siguientes de Grimm y Raede (1997) y de Rohmert (1968), también en los que fue medido un incremento de la fuerza en consecuencia de su entrenamiento, fueron desarrollados teniendo en mayor consideración el estado de maduración de los sujetos (machos y hembras) indagados, pero siempre sin un control del efecto del crecimiento y el aprendizaje respeto sobre los resultados conseguidos.
No todos los estudios han logrado demostrar una mejoría de la fuerza a causa de su entrenamiento en los niños. Algunos de estos estudios, a menudo, han sido aducidos como argumento en el debate sobre este problema. En todo caso, tienen un denominador común, representado por un volumen de entrenamiento muy escaso. En el estudio de Kristen (1963), por ejemplo, el entrenamiento consistió en una contracción máxima ejecutada cinco veces a la semana, una carga que hoy difícilmente sería definida  como  "entrenamiento de la fuerza."

 

  Grupo de Entrenamiento Grupo Control
Flexión de rodillas a 30º/s +23,6% -1,0%*
Flexión de rodillas a 90º/s +21,0% -5,5%*
Extensión de rodillas a 30º/s +24,5% -0,3%
Extensión de rodillas a 90º/s +18,6% +4,8%*
Flexión de codo a 30º/s +29,2% -1,0%*
Flexión de codo a 90º/s +36,6% +5,9%
Extensión de codo a 30º/s +32,1% +14,5%
Extensión de Rodilla a 90º/s +18,5% +14,6%

Tabla 1 - Cambios relativos de la fuerza isocinetica en un grupo de control  y en uno de entrenamiento después de una fase de entrenamiento de la fuerza. Algunos niños de edad de 6 a 11 años ejecutaron tres veces a la semana un entrenamiento isocinetico de la fuerza de una  duración de 45 min por catorce semanas. El grupo de entrenamiento presentó un desarrollo significativamente más elevado de la fuerza con respecto del grupo de control. * p <0,05 (de Wellman et al. 1986).
 


También en otros dos estudios en los que no fue encontrado desarrollo de la fuerza alguno  en los niños (Vriens 1978; Docherty et al. (1987) fueron caracterizados por volúmenes de entrenamiento muy escaso, por lo que los  estímulos de entrenamiento  fueron tan bajos que no lograron provocar un incremento de la fuerza.
En los años 80 y 90 ha sido ejecutado un número elevado de estudios bien controlados en los que sujetos en edad prepuberal ejecutaron un entrenamiento de la fuerza en el sentido moderno del término. Un buen ejemplo es representado por el estudio de Weltmann et al. (1986), cuyo sujeto fue un grupo de niños en edad de seis a once años (utilizando la escala de maduración  de Tanner y los valores de testosterona). Los  sujetos realizaron, tres veces a la semana, un entrenamiento isocinetico de la fuerza de  una  duración de 45 min. La fase de la prueba duró catorce semanas. Los resultados demuestran (Ver . tabla 1) que los niños del grupo que entrenó la fuerza  mostraron un incremento de la fuerza significativamente más elevada de los niños del grupo  control. Hace falta notar que, también en este últimos, se pudo notar un significativo incremento de la fuerza en determinados ejercicios, atribuible al crecimiento natural de los niños y el aumento de la fuerza a ella conectada.
El número de los estudios controlados realizado con niños de edad prepuberal, en los que un significativo aumento de la fuerza ha sido establecido a causa de su entrenamiento, ha llegado a más allá de una decena. Tales estudios han sido ejecutados con sujetos de ambos sexos. Tipos diferentes de entrenamiento han sido estudiados, entre estos el entrenamiento isotónico (Ra msay et a I. 1990; Pfeiffer, Francis 1986; Rians et al. 1987). el  isométrico (Fukunaga et al. 1992; Feigenbaum et al. 1993) y el  isocinetico (Weltman et al. 1986) empleando elementos  diferentes, como también los pesos libres (Servedio et al. 1985; Ozmun et al. 1994; Sailors, Berge 1987). En otras investigaciones , el entrenamiento ha sido realizado con sobrecargas utilizando el peso corporal  de los sujetos  (Falk, Mor 1996; Siegal et al. 1989). La mayor parte de las investigaciones  permiten la realización de un meta-análisis con la que ha sido posible la elaboración estadística de los datos de varios estudios para llegar a algunas conclusiones finales. Un tal metanalisis, que ha tomado en consideración veintiocho búsquedas, ha sido realizada por Falk, Tenenbaum (1996).
Si se basa en sus resultados se puede afirmar que, gracias al entrenamiento de la fuerza, indudablemente los niños se vuelven más fuertes. Se trata de una conclusión importante, que pero que nos hace formular  la pregunta siguiente: ¿los niños, cuanto mas fuertes se  vuelven  gracias al entrenamiento de la fuerza?


¿Los  niños, cuanto mas fuertes se  vuelven  gracias al entrenamiento de la fuerza?


La mayor parte de los estudios demuestran  que en los niños la mejoría de la fuerza producida por su entrenamiento va del 14 al 30% (Falk, Tenenbaum 1996). También considerando que las investigaciones  duraron de uno a más meses se puede afirmar que se trata de un incremento notable. ¿Pero como tenemos que clasificarlo refiriéndolo al incremento de la fuerza que consiguen con su entrenamiento comparado con  los adultos? Stratton et al. en un artículo de revisión  del 2004 han llegado a la conclusión que, en términos relativos, los niños consiguen los mismos incrementos de los adultos, pero éstos son menores en términos absolutos. Eso aparece natural si se tiene en cuenta la menor fuerza absoluta de los niños con respecto de los adultos. En un precedente articulo de revisión  Blimkle (1993) escribió que, presuponiendo  el empleo de estímulos de entrenamiento adecuados , los niños alcanzan incrementos absolutos menores  pero incrementos relativos similares , si no mayores al de los adultos. Los Autores están del todo de acuerdo que el entenabilidad de la fuerza de los niños se encuentra al mismo nivel de aquel de los adultos.
A propósito del entrenabilidad  de los niños con respecto de los adultos es interesante también considerar una investigación  de Pfeiffer, Francis (1986) en el que ha sido analizada  (con respecto de un grupo  control) el aumento porcentual de la fuerza del brazo y la pierna después de un período de nueve semanas de entrenamiento. En el grupo de entrenamiento fueron relevados  aumentos de la fuerza mayores  que en el grupo de control en una medida  completamente inesperada (figura 1 a). Subdividiéndolo en tres subgrupos: prepuberal  (acerca de diez años de edad), pubescente (cerca de 13 años de edad), postpuberal (acerca de 20 años de edad) se vio que los que consiguieron por los mayores incrementos relativos fueron los chicos en edad prepuberal (figura 1 b).

 

Figura 1 - Resultados estudio de Pfeiffer, Francis (1986). a) aumento relativo de la fuerza de los miembros superiores e inferiores después de una fase de entrenamiento de nueve semanas en el grupo de entrenamiento y en el  de control; b) mejoría relativa de la fuerza en los diversos  grupos de edad del grupo de entrenamiento.



En general, por cuánto concierne la mejoría de la fuerza producida por los ejercicios de entrenamiento con los niños, se puede formular la conclusión que los niños, desde el  punto de vista relativo (incremento porcentaje de la fuerza), son entrenables al menos tanto como  los adultos. Se llega así a la pregunta siguiente: ¿cuáles son los  mecanismos  que provocan este aumento de la fuerza en los niños?

 

¿Cuáles son los  mecanismos  que provocan este aumento de la fuerza en los niños?


Cuando se piensa en los mecanismos que constituyen  la base de la mejoría de la fuerza, a causa de la existencia de la conocida relación entre superficie de la sección transversal del músculo y fuerza, es necesario que, como uno de los factores posibles, se deba siempre tomar en consideración una mayor masa muscular. Pero contamos con pocos datos que prueban que en los niños la mejoría de la fuerza, conseguida con su entrenamiento, pueda ser puesta  en relación con la hipertrofia muscular. Mersch, Stoboy (1989) luego de  un entrenamiento isométrico maximal  (extensión de la pierna) refieren un incremento de la superficie transversal del 4 al 9% del músculo cuadriceps en  una pareja de gemelos monocigotoicos de edad prepuberal Además, Pikosky et al. (2002) en niños que desarrollaron un entrenamiento de la fuerza han encontrado un incremento del balance positivo de  nitrógeno, que puede ser interpretado como índice de una intensificación de la síntesis de las proteínas en la musculatura. La mayoría  de los estudios sobre el entrenamiento de la fuerza con los niños, no ha encontrado señales de una hipertrofia muscular, a pesar del incremento de la fuerza conseguido, (Blimkie et al. 1989a; Hassan 1991; Yo Govern 1984; Ozum et al. 1994; Ramsay et al. 1990; Sailor, Berg 1987; Siegel et al. 1989; Weltman et al. 1986). los Autores de estas investigaciones , para explicar los posibles mecanismos que llevaron a un incremento de los valores de la fuerza, han hipotizado la existencia de adaptaciones neuromusculares. En numerosas investigaciones  ha sido indagado si efectivamente es  así. Los resultados son unívocos: el incremento de la fuerza en los niños producidos por su entrenamiento puede ser atribuido, en primer lugar, a una adaptación neuromuscular, es decir a una mejor cooperación entre sistema nervioso y musculatura (Blimkie et al. 1989a; Ramsay et al. 1990; Ozum et al. 1991, 1994). en otras palabras, los niños en edad pre-pubescente no pueden ser transformados en culturistas , en cuánto el aumento de la masa muscular producido por el entrenamiento es insignificante, mientras, en cambio, se pueden conseguir adaptaciones neuromusculares que llevan a un evidente aumento de la fuerza en ellos.
También en los adultos las adaptaciones neuromusculares son un importante mecanismo por el que se consiguen incrementos de la fuerza (Hakkinen, Komi 1983). Es conocido, en cambio, que los incrementos de la fuerza que pueden ser atribuidos a la adaptación neuromuscular a diferencia de los que tienen una relación con un aumento de la masa muscular, son  solo temporales. Un adulto principiante que realiza un entrenamiento de la fuerza en los primeros meses, gracias a la adaptación neuromuscular, experimenta un rápido incremento de la fuerza. Pero una interrupción del entrenamiento provoca una rápida disminución de la fuerza adquirida . ¿Quiere eso decir que en los niños los incrementos de la fuerza conseguidos por su entrenamiento tienen  efectos de breve duración? Ésta será la próxima pregunta a la que trataremos de contestar.

¿Cuántos duran los incrementos de la fuerza inducidos por su entrenamiento en los niños?


La respuesta a esta pregunta no es tan simple. En efecto, una eventual disminución de la fuerza, provocada por una interrupción de su entrenamiento, puede ser disimulada por  un aumento de la fuerza  a cuasa de un aumento de la  muscular  muscular (debido al crecimiento). Si se quiere analizar  cuánto duran los incrementos de la fuerza conseguidos, por lo tanto, se deben confrontar los cambios de la fuerza en un grupo de entrenamiento después de que se ha parado de entrenarla, con  un grupo control. Blimkie et al. (1986b) han estudiado los cambios de los valores de la fuerza en un grupo de niños de 9-11 años después de una fase de entrenamiento de veinte semanas, demostrando  que las diferencias de la  fuerza entre el grupo de los entrenados y el  de control  eran escasas en el curso de varias semanas, siguientes a cuando el grupo de entrenamiento paró de entrenar la fuerza, Este estudio  había  sido realizado con sólo seis sujetos por grupo. Feigenbaum et al. (1996) han realizado una investigación con un grupo de mayor numerosidad que previó un grupo de entrenamiento compuesto por once chicos y cuatro chicas y un grupo de control con tres chicos y seis chicas (edad: de 7 a 12 años). También en esta investigación , después de un entrenamiento de  una duración de ocho semanas, fue establecida una diferencia en la fuerza que se volvió de nuevo menor al final de un período sin entrenamiento por  mismo el mismo tiempo que duró el entrenamiento.
Pero los dos estudios que hemos citado concernieron un período de tiempo relativamente breve. En una investigación  a largo plazo muy sofisticada de Diekmann, Letzelter (1986) han sido seguidos dos grupos de sujetos formados por niños de edad  de ocho a diez años. Cada grupo fue compuesto por 35  sujetos. Durante todo el período de tiempo de la investigación  uno de los grupos se trabajo  en tres fases de entrenamiento aisladas  de una  duración de doce semanas  con el ejercicio de prensa de piernas (leg-press) durante  dos veces a la semana, mientras que los otros grupos sirvieron  de control (figura 2). Como resultado de la investigación  se vio que el grupo de entrenamiento también mantuvo su ventaja en los valores de la fuerza en los períodos entre las fases de entrenamiento. El mismo patrón  se observó  entre las niñas.
Los mecanismos responsables de este fenómeno no están completamente claros. Podría ser posible que los niños del grupo de entrenamiento, que se vuelven más fuertes en las fases de entrenamiento, en su vida cotidiana se  comprometan por ello mas en movimientos y de modo diferente que  los niños del grupo de control. Es probable que un niño más fuerte se le de mas ganas  y se divierta más con  correr o a saltar más que un niño más débil. Cualquiera sea el mecanismo responsable, estos resultados enseñan que los incrementos de  fuerza  conseguidos en los niños por los ejercicios, pueden ser duraderos, aunque no pueden ser atribuidos a una mayor masa muscular.

 

Figura 2 - Resultados del  estudio de Diekmann, Letzelter (1986). fueron observados dos grupos cada uno de 35 sujetos de  8 a 10 años de edad. Un grupo, durante el período de la investigación entrenaba  cada  vez, que lo hacia por un período  de  doce semanas, tres veces a la semana En prensa de piernas  mientras que el otro grupo sirvió de grupo de control. Los resultados demuestran  que el grupo de entrenamiento también mantuvo su ventaja en los valores de la fuerza en el período que transcurrió entre las fases de entrenamiento.


¿Cual es la razón por la que los niños deberían entrenar la fuerza?


Todo lo expuesto hasta ahora demuestra que con el entrenamiento, se puede conseguir un aumento de la fuerza en los niños y que esta mejoría, a groso modo , es comparable con  la de  los adultos. El incremento, claramente, es relativamente duradero. ¿Pero cuáles son los motivos reales por los que los niños deberían realizar un entrenamiento de la fuerza? A este propósito citamos a los suecos Lars Peterson y Bengt O. Eriksson que en un artículo  de 1986  en donde escribieron: "Cuando se habla del aprendizaje de una técnica es importante saber que, para ejecutar correctamente un movimiento, se tiene que poseer una fuerza muscular suficiente para el deporte o la disciplina deportiva que se practica". Eso representa, en gran parte, la respuesta a nuestra demanda I: una fuerza suficiente es el presupuesto para que un niño pueda aprender correctamente a una técnica deportiva. La infancia (el período desde el  nacimiento a la pubertad), representa un período en el que se tiene que adquirir un gran patrimonio de movimientos que, en gran medida, también determinará las posibilidades de movimiento durante el resto de la vida.
Por tanto, también es importante que un niño aprenda, desde el principio, la técnica correcta de los movimientos que constituyen  este patrimonio en cuánto corregir un modelo equivocado de movimiento solicita mucho tiempo y trabajo y, a menudo, es fundamentalmente imposible. La carencia  en las capacidades  de fuerza pueden impedir el aprendizaje de la técnica, frenando así el desarrollo de las posibilidades de movimiento. Es completamente obvio que para un niño sea más fácil aprender un doble salto mortal que para una persona de treinta años. Pero, para ejecutar un doble salto mortal hace falta contar con cierta capacidad de fuerza en  una medida adecuada, que puede ser adquirida con su entrenamiento.
Pero, la mejoría de la fuerza no es el único   de toda una serie de efectos positivos producido por el entrenamiento de esta capacidad física. Es conocida cual es  la importancia de la actividad física para  el desarrollo del esqueleto en edad infantil. Se sabe que para  un efecto óptimo de entrenamiento es necesario que los huesos sean sometidos a fuerzas notables y sólo se fortalecen las partes del esqueleto que son solicitadas. El entrenamiento de la fuerza, con su arsenal infinito de ejercicios, representa un instrumento perfecto para influenciar a todas las partes  del esqueleto en vía de crecimiento y por su naturaleza  puede producir un gran desarrollo de su robustez. En otras palabras, se trata de un excelente instrumento para  la formación del esqueleto.

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El British Association of Exercise and Sports Sciences (Bases) ha resaltado  el rol de su  "Position Statement on Guidelines for Resistence Exercise en Young People" (2004). En el 2005, Yu et al.  han podido presentar datos experimentales que prueban que el entrenamiento de la fuerza de los niños produce un aumento de la mineralización de los huesos.
Un ulterior, e  importante aspecto del entrenamiento de la fuerza de los niños es su efecto de prevención de los accidentes. Generalmente es conocido que en los adultos una suficiente fuerza muscular disminuye el riesgo de lesiones. Numerosas investigaciones , por ejemplo de Cahill, Griffith (1978) y de Hejna, Rosenberg (1982), demuestran  que esta relación también vale para los jóvenes atletas. En jóvenes futbolistas, como en jóvenes atletas de otros deportes, gracias al entrenamiento de la  fuerza se  ha logrado disminuir la frecuencia de los accidentes , y a  mitigar por esto la gravedad y a conseguir tiempos más breves de rehabilitación.
El entrenamiento de la fuerza ha demostrado de también ser positivo en niños con muchas patologías. En uno sus tesis de doctorado presentada en el 2002  en la  John Moores University de Liverpool, Jones ha estudiado los problemas a la espalda de niños y a adolescentes, logrando demostrar que un entrenamiento de la fuerza dos veces a la semana, por un período de ocho semanas, fué  capaz de reducir los síntomas de dolores crónicos de la espalda. Además, han logrado probar efectos positivos del entrenamiento de la fuerza en niños con lesiones de quemadura (Suman et al. 2001), parálisis cerebral (Morton et al. 2005) y fibrosis cística (Selvadurai et al. 2002).
Existe luego toda una otra serie de otros motivos para realizar un entrenamiento de la fuerza con los niños. ¿Pero aunque sabemos que podemos realizar este tipo de entrenamiento y por qué lo debemos realizar  él  mismo , sabemos cómo debe ser  programado para que se puedan conseguir los mayores  efectos posible?

¿Cómo debe ser programado el entrenamiento de la fuerza con los niños?

Los estudios que se ocupan de la optimización del entrenamiento de la fuerza con los niños son relativamente pocos pero a pesar de su escasez se pueden encontrar algunas indicaciones sobre cuales sean las cargas y las frecuencias de entrenamiento más racionales. Feigenbaum et al. (1999) han estudiado los efectos del entrenamiento de la fuerza sobre 11  niñas y 32  niños (de edad de 5,2 a 11,8 años) que, por un período de ocho semanas, entrenaron esta capacidad dos veces a la semana. Los niños fueron subdivididos en tres grupos, uno de ellos sirvió  de grupo de control. Los otros dos grupos entrenaron la fuerza uno siguiendo  los modelos de low repetition heavy load (una serie de seis a ocho repeticiones), el otro según el modelo high repetition moderate load (una serie de trece y quince repeticiones). El resultado fue que el modelo de entrenamiento con sobrecarga escasa  y número elevado de repeticiones fue el  que resultó con  los mayores incrementos de la fuerza. El mismo grupo de investigadores ha realizado, finalmente  una investigación ampliada en el que, además de los modelos de entrenamiento expuestos anteriormente, se realizaó  un modelo de entrenamiento combinado (una serie de 8 repeticiones más de 6 a 8 lanzamientos con balón medicinal) y un modelo con sólo una serie de 13-15 lanzamientos de un balón medicinal (Feigenbaum et al. 2001). los resultados de este estudio han confirmado completamente los resultados de la investigación  anterior, es decir que una serie con 13-15 repeticiones alternativa con respecto de una serie con 6-8 repeticiones más 6-8 lanzamientos del balón medicinal, produjeron  los mayores incrementos . Una conclusión general a la que se puede llegar  es que los niños no necesitan sobrecargas elevadas para mejorar su fuerza. La prescripción de éxito es de: cargas medianas con un número elevado de repeticiones.
Stahler et al. (1995), confrontando los efectos de un entrenamiento bisemanal con un trisemanal de la fuerza en 64 chicos de tres grupos de edad (de 7 a 9; de 10 a 12; de 13 a 16 años), han analizado el problema de cuál debe ser la frecuencia optima de entrenamiento. Los chicos se entrenaron con diez ejercicios diferentes al 75% de 1 RM (30 min/la sesión  de entrenamiento) por un período de nueve meses. En el grupo de los niños de 7-9 años, la eficacia de los dos modelos de entrenamiento fue la misma. En el grupo 10-12 años, los mayores incrementos  de fuerza se consiguieron  con un entrenamiento bisemanal. También en otro estudio de Feigenbaum et al. (2002), un entrenamiento bisemanal demostró  de ser más eficaz que uno por semana en 21 chicas y 35 chicos (de edad de 7,1 a 12,3 años) que por ocho semanas desarrollaron un entrenamiento con doce ejercicios diferentes con serie de diez a quince repeticiones. La cauta conclusión que se puede sacar con base en este limitado material de investigación puede ser que dos unidades de entrenamiento semanal podría ser la frecuencia óptima de entrenamiento para los niños.
Resta  de contestar a una séptima pregunta sobre el entrenamiento de la fuerza de los niños, que  aparece  como fundamental: ¿produce este tipo de entrenamiento algún tipo de efectos negativos? ¿Es peligroso?


¿El Entrenamiento del Fuerza es peligroso para los niños?


La principal preocupación que es  expresada por los científicos del deporte por cuánto concierne el entrenamiento de los fuerza con sujetos en vias de desarrollo, conciernen a  eventuales lesiones  a cargo de las zonas de desarrollo donde se desarrolla el proceso principal de crecimiento óseo de las extremidades (Peterson, Eriksson 1986). se trata de zonas de desarrollo que presentan una escasa solidez mecánica con respecto de las otras partes del esqueleto, por lo que  sería fundamentada  la hipótesis que un exceso de carga en esta zona del hueso podría producir problemas. Lesionas en la zona de crecimiento en un sujeto en fase de desarrollo  pueden llevar a alteraciones del crecimiento mismo y a una disminución del crecimiento en largo de diferentes parters  de las epífisis, cuya consecuencia, a su vez, puede ser una malformación. ¿Pero son confirmados estos temores? Por cuánto sólo sabemos existe  un  Autor que ha referido a  lesiones epifisarias después de un entrenamiento con los pesos (Gumby et al. 1982), que se  curaron sin dejar consecuencias. Se tiene que notar que, en este caso, se trató de entrenamiento para el levantamiento pesas con cargadas máximas y no de un entrenamiento de la fuerza. En las varias decenas de investigaciones  a largo plazo sobre el entrenamiento de la fuerza con los niños no se hace la mínima reseña a daños para la salud. Rians et al. (1987) han realizado una investigación  que fue dirigida en particular a notar cuáles fueran los eventuales peligros del entrenamiento de la fuerza para los niños. Con métodos diferentes los Autores han indagado cuáles fueran los  eventuales daños al esqueleto y a la musculatura, como también los posibles efectos sobre la función del sistema cardiocirculatorio, sobre el proceso de maduración, la movilidad y las funciones motrices. Los resultados han demostrado que el entrenamiento de la fuerza no provocó efectos sobre los parámetros indagados y que el riesgo de lesiones o daños ligados  al entrenamiento de la fuerza no fue significativo.
Preguntémonos pero cosa ocurre  con el levantamiento de cargas máximas y cuán peligrosas son ,  Feigenbaum et al. (2003), que en test de fuerza máxima  con niños de 6 a 12 años ha utilizado cargas de 1 RM. y no refiere lesiones . También Byrd et al. (2003) que han observado 543 levantamientos con cargas máximas de jóvenes levantadores de peso no han encontrado pruebas de traumas o lesiones.
Usted podría oponer  la objeción que los estudios longitudinales que hemos citado previeron un número relativamente bajo de sujetos y fueron de duración relativamente breve. La investigación  de mayor duración de este tipo (Stahle et al. 1995). en el que fue desarrollado un programa de entrenamiento de la fuerza, ha durado nueve meses. En ella, no se encuentra ninguna referencia a traumas o daños  producidos por este entrenamiento. Usted puede objetar que, en cambio, a largo plazo, el entrenamiento de la fuerza podría ser peligroso y investigaciones  de mayor duración llevarían a resultados diferentes. En el campo del entrenamiento de la fuerza con los niños existen, en cambio, algunos estudios epidemiológicos que refuerzan, una vez más, la imagen del entrenamiento de la fuerza con niños como un tipo de entrenamiento físico seguro. Hamil (1994). en su reseña de numerosos estudios, ha confrontado los riesgos de accidentes y traumas en jóvenes atletas practicantes de  deportes diferentes y varios tipos de entrenamientos. Ha resultado que el riesgo de daños y lesiones en el entrenamiento de la fuerza fue de 0,0035 cada 100 horas de práctica y que el de un trauma en levantamientos máximos fue de 0,0017 por 10 horas de práctica. En comparación, en el entrenamiento de  el fútbol el riesgo de accidentes fue de 6,20 y en el baloncesto de 1,03 por hora de  práctica. Se trata de cifras muy claras: para un niño es 1500 veces más peligroso jugar al fútbol que desarrollar un entrenamiento de la fuerza. Jugar al baloncesto es 800 veces más peligroso que levantar pesos. ¡Por tanto, para los niños, el entrenamiento de la fuerza puede ser considerado un entrenamiento particularmente seguro que comporta un riesgo muy escaso de daños y  traumas y un número elevado de efectos positivos.


Consideraciones finales

La infancia y la adolescencia son períodos de la vida de un individuo que está creciendo en los que su cuerpo es muy sensible a los estímulos de entrenamiento y en los que se ponen las bases  de su salud y de sus hábitos motores  y deportivos , y para  su capacidad de rendimiento  a futuro . Por esta razón, es extraordinariamente importante que niños y adolescentes se entrenen de modo óptimo los. El entrenamientos de la fuerza, obviamente, constituyen  parte de un entrenamiento físico multi lateral que promueve de modo óptimo el desarrollo del niño. Sólo si a los niños se les ofrece la posibilidad de desarrollar un entrenamiento global, bien ponderado y equilibrado, ellos pueden tener la oportunidad de realmente alcanzar el  máximo de su capacidad potencial de prestación. Se trata, según nosotros, de un principio ético fundamental que, junto a aquel por que el entrenamiento físico-deportivo tiene que siempre tener y sólo un efecto positivo sobre el desarrollo y sobre la salud de los niños, se encuentra a la base de una actitud y a un comportamiento correcto con respecto del proceso de entrenamiento de niños y adolescentes.
El tema del entrenamiento de los niños y los adolescentes es uno de aquéllos que atrae más a menudo el interés del medios de comunicación. Así, a menudo, en los periódicos y en la televisión, científicos y expertos se expresan sobre los problemas que conciernen el entrenamiento de los niños. Recientemente, el  centro atención se ha puesto en los problemas como debe ser la forma de este entrenamiento que en  sus contenidos, sustentando la opinión que los niños deben ser entrenados en forma lúdica, en cuánto el juego es una parte natural del comportamiento infantil. Una opinión con el que no se puede que estar de acuerdo. Pero el problema de cuáles sean los contenidos que de la forma lúdica a  pasado a  segundo , aunque se trata de un problema un tanto importante, si se quiere programar un entrenamiento optima  que responda  a las necesidades de los niños. Un entrenador o un docente  de educación física con capacidades creativas es  capaz de idear y construir una cantidad infinita de juegos, relevos, recorridos  de obstáculos en los que sus componentes sean capaz de estimular el desarrollo en los niños. Ha llegado la hora que al  debate sobre el entrenamiento de los niños y a  sus contenidos se dé la misma importancia que es atribuida a su forma. En muchos países se ha reconocido desde hace tiempo la  importancia que tiene  el entrenamiento de la fuerza en promover el desarrollo infantil. Ya en s 1985 ocho organizaciones Estadounidenses  en un un workshop ha elaborado recomendaciones específicas sobre el entrenamiento de la fuerza con los niños. En el 2001 el American Academy of Pediatrics, ha publicado una toma de posición sobre este tema, que ha sido revisada  recientemente  Por lo que , actualmente, en los Estados Unidos se aconseja entrenar la fuerza de dos a tres veces a la semana, por 20-30 min en cada sesión  de entrenamiento, con de seis a quince repeticiones por serie y de uno a tres series  por cada ejercicio. La carga tiene que ser aumentado cuando el niño es  capaz de ejecutar correctamente quince repeticiones (Wilmore, Costill 2005). se trata de consejos que no se distinguen notablemente de los que se dan  para los adultos que inician un entrenamiento de los fuerza. En Gran Bretaña, en el 1999, el Bases (British Association of Spots and Exercise Science) ha formado un grupo encargado de analizar la literatura científica y lo conocido sobre este argumento para poder elaborar luego líneas de utilización para el entrenamiento de la fuerza con los jóvenes, que han sido publicadas en el 2004 (Stratton 2004). En esta publicación todo los jóvenes son llamados  a desarrollar un entrenamiento de la fuerza mínimo dos veces a la semana y se afirma, además, que el entrenamiento de la fuerza debe representar a un  componente  de una enseñanza de la educación física y un entrenamiento equilibrado.
Ahora es, pues, tiempo de que se superen los anteriores prejuicios y se abra un debate sobre el entrenamiento de la fuerza con los niños - el que ha demostrado de tener efectos positivos sobre muchos indicadores del estado de salud como la eficiencia cardiovascular, la composición del cuerpo, la densidad mineral ósea, el perfil de los lípidos hemáticos y la salud mental que entregan a una clara posición fundamental sobre este problema a la igual de otras actividades físicas. Tal posición sería muy importante del punto de vista científico para los niños practicante  de deportes, por sus entrenadores y sus padres.

Autor: Micchail Tonkonogi, Departamento de Fisiología y Farmacología, del Intituto Karolinska, Estocolmo
Traducción  del artículo original  publicado en Svensk Idrottsforsking, 1, 2007, 1-6.

 

BIBLIOGRAFIA

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